Mi palabra/ La anarquía de los motorizados es una tragedia semejante a una guerra

*“Es posible volar sin motores,
pero no sin conocimientos y habilidad”
Wilbur Wright…

Una señora, le contaba a una amiga, el grave problema que se les presentó en el barrio hace varios años atrás, cuando un joven se compró una moto usada que parecía un perro realengo, un verdadero esqueleto andante, y todos los vecinos tenían la idea, que le había quitado el tubo de escape para llamar la atención, porque el ruido era insoportable y sobre todo en las noches no lo aguantaban, porque salía y entraba, como el propio “Delivery” de estos tiempos, pero era solamente a echarse los tragos, porque era un bebedor sin ninguna medida, hasta que corrió con la mala suerte de estrellarse, sin embargo, a pesar de su  mal comportamiento, todos en el barrio le colaboraban para ayudarlo a salir de ese mal momento.
Ahora, casi todas las ciudades, pueblos y caseríos se despiertan convertidas en una verdadera anarquía, impulsada precisamente por los motos y el ruido de esos caballitos de transporte y algo más, de quienes han agarrado esos vehículos para movilizarse por lo funcional y muy económico, pero un número muy elevado de estos usuarios desafían la muerte, a tal punto   de atemorizar a cualquiera persona cuando sale a la calle, hasta llegar abarrotar los hospitales, como si nos encontráramos en una guerra y si no se toman medidas urgentes, aún, cuando el problema se ha agravado de tal magnitud, que parece no haber solución a corto plazo, ya que, las ventas de motocicletas no se detienen y por el otro lado, lo más grave, es que la conciencia al conducir anda como los roletazos en el beisbol por el suelo.
Los conductores de estos vehículos, van y vienen en cualquier vía, como les da la gana y en las propias ciudades, sea en el centro o en los barrios no respetan el flechado y para completar el desafío a la muerte saltan las islas de las avenidas para acortar camino y no se les ocurra llamarle la atención, porque rápido lo retan, sin importarles la falta cometida. Pero no solamente son los motorizados civiles, que pasan por encima de la ley, porque a esto se suman algunos agentes de la policía y tránsito, más algunos guardias nacionales muy jóvenes, quienes se meten en esas desenfrenadas carreras olvidando su función y al no dar el ejemplo, todo lo demás es sálvese el que pueda.
Las estadísticas de accidentes por motos, han rebasado cualquier medición de otros incidentes y lo más lamentable el número de muertos y heridos, están por encima de cualquier recuento de enfermedades conocidas, empezando por la del tabaquismo, cardiovasculares, próstata o cáncer de mama en las mujeres. Pero además los hospitales se encuentran abarrotados de hospitalizados por estos accidentes, dejando muy poco espacio para enfermedades, que requieren de ese servicio y lo puede comprobar con solamente llegar a los estacionamientos de los centros de salud público, porque los privados lamentablemente no están al alcance de esta clase de accidentados.
Las causas de los accidentes van en aumento, empezando por el descontrol del motor cerebral de la mayoría de los conductores de estas máquinas, que al abusar de ellas las convierten en el medio, que conduce inevitablemente a los hospitales, cuando no es a los cementerios. Todos los relatos a las puertas de las emergencias de los centros de salud, son verdaderos dramas y, aun así, no vemos la toma de conciencia, por lo tanto, no podemos esperar, si no el cuadro alarmante de casi todos los dispensarios de salud del país, convertidos en centros para albergar lesionados y los que llegan necesitando una cama para tratar alguna enfermedad, tiene que esperar, como el que juega la lotería, a ver si la pega.
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